Hace 128 años, nació uno de los grandes de la poesía hispanoamericana del siglo XX, el peruano César Vallejo. Vino al mundo el 16 de marzo de 1892 en la ciudad de Santiago de Chuco, en La Libertad.

El mensaje humano y poético del peruano Cesar Vallejo tiene su raíz profunda en el alma india, mestiza y serrana, indio después de hombre y antes de él. Este es el versoclave de todo Vallejo.
Su revelación se mantiene vigente en nuestra cultura al enlazar el sentir, más allá de los rezagos lingüísticos y las herencias políticas. En España, aparta de mí este cáliz existen continuas alusiones en el poemario que tienen que ver con la condición divina que marcó el evangelio en el choque entre el viejo y el nuevo mundo.
“Me moriré en París con aguacero, / un día del cual tengo ya el recuerdo”, escribió el poeta peruano César Vallejo en su soneto Piedra negra sobre una piedra blanca. Y el viernes santo de 1935 murió en París una de las grandes figuras de la poesía hispanoamericana del siglo XX. La vida literaria de Vallejo inició en 1918, año en que publicó su primer libro, los heraldos negros, bajo la influencia estética modernista basada en los aportes de Darío, como un templo donde los imitadores de Darío ( “los brujos azules”) rinden culto a su dios poético, es decir a Darío.
Vallejos sintió desde el principio una admiración inmensa que profesaba por Darío fue más que su maestro, un espíritu fraterno, un hermano mayor que cual Virgilio para Dante.
En una de sus visiones Vallejos ve pasar a Rubén “con su lira enlutada” cuando habla de él, dice: “Darío el de las américas celestes”. Amigos de tertulia, dicen que se refiere a Rubén como “el viejo”. Para dejar constancia de su admiración, aseguraba, “el viejo cada día crece más”.
Hay momentos que nos resuena a Rimbaud, pero Vallejo es siempre más reservado y austero, y al mismo tiempo más viril y humilde. Siempre celoso de su independencia, de su sangre india y de su originalidad.





    Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído decía, Jorge Luis Borges APRECIANDO ESTA GRAN OBRA que me obsequio mi primo Álvaro Urtecho de poemas optimistas con acento profético y apocalíptico de RUBÉN DARÍO Y CÉSAR VALLEJOS ambos nombres ilustres para nosotros por razones de tiempo y de raza, confirman la inevitable y perfecta compatibilidad poética y se yerguen, como los grandes heraldos de un Mundo Nuevo. Uno el poeta del amor y el otro el poeta de la muerte, Para tomar nota.
No hay lugar a dudas que en el fondo del alma vallejiana late un sentimiento puramente religioso, La poesía de vallejos tiene la cúspide más alta a Dios, Es profundamente cristiano. Dios aparece entre una rebeldía irreverente y una lástima apasionada, Dios aparece primero como hostil, cruel e injusto. Como una fuerza malévola asestándole golpes “golpes como el odio de Dios” que son indicios de la hostilidad de Dios a la humanidad.


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